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Movilización ciudadana ¿se abre un nuevo ciclo?
20-07-2011

Columna escrita por Gonzalo Delamaza, del Centro de Investigación sobre Sociedad y Políticas Públicas Universidad de Los Lagos para el Boletín Observatorio de Género y Equidad, julio 2011.

Tuvo que agotarse el ciclo político de la Concertación, que rigió el proceso por 20 años con un diseño que cuando mucho daba para el primer gobierno, para que resurgiera la movilización social en el país. Al parecer el efecto “espejismo” de los gobiernos concertacionistas, junto a su innegable mayor capacidad de gestión política –y de políticas- por sobre la derecha, mantuvo las cosas relativamente inmóviles desde el punto de vista de la reivindicación masiva y política.

Pero una vez desnudado el rey ya no hay excusas. Desde este punto de vista el diagnóstico de la campaña de Piñera –haremos lo mismo pero mejor- sirvió para ganar la elección, pero no para gobernar, a juzgar por el desarrollo de los acontecimientos. Es lo primero: la incompetencia y falta de proyecto de la derecha chilena.

Pero hay más: la energía movilizada se canaliza por fuera del sistema político y en directo cuestionamiento al mismo. La “gobernabilidad” asegurada por un sistema binominal que hacía predecibles los procesos electorales y repetía los mismos nombres una y otra vez avanzó hasta dejar fuera a cerca del 50% de la población. Con el  agravante que los que quedaron fuera son los jóvenes, cancelando el futuro de esa misma “gobernabilidad” y creando condiciones para su cuestionamiento de fondo. Quizás los estudiantes son el último “sector social” que va quedando en esta sociedad fragmentada. No es tan difícil pensar que en algún momento se agruparán y actuarán de conjunto. No faltaban los signos en tal sentido, el principal de los cuales había sucedido ya con la “rebelión pingüina” en 2006. ¿Cuánto de lo que allí surgió se fue adecuadamente procesado a través del sistema político? Casi nada. Vale decir entonces que esa experiencia histórica –y hasta biográfica para muchos- también es un factor de fortaleza en la movilización de hoy.

Lo interesante es que esto no sucede en contexto de crisis económica ni de empleo. No es simplemente una respuesta de los sectores perjudicados por una coyuntura económica que legítimamente se pronuncian en las calles. Es más que eso. A mi juicio convergen varios planos de reivindicación que le dan peso y proyección a la movilización. En primer término las promesas incumplidas: quise darle educación a mi hijo y le di una deuda. Esa, más que una crítica antisistema es una protesta a la promesa que no se cumplió. Pero no es contradictoria con quienes ya sabían que gran parte de esta “inclusión a la chilena” es un fraude. Parece pero no es: empleo, pero temporal y precario; educación superior, pero con una deuda impagable; democracia, pero con una desigualdad que excluye desde el comienzo. Suma y sigue. Por eso las manifestaciones suscitan el apoyo general y transversal, no son un asunto particular.

¿Para donde seguirá este proceso? Por el momento ha conseguido importantes logros, literalmente arrancados a un gobierno que no tenía pensado nada de esto. También ha puesto en el tapete la crisis de legitimidad y representatividad del sistema político institucional y la necesidad urgente de reformarlo. Ha permitido volver a hablar del Estado y su fortalecimiento, así como de los diferentes enfoques y modelos de vida pública que existen. Una sociedad basada en el lucro no es igual que una basada en la solidaridad, y eso no es un asunto de “calidad” o de“gestión”. Es un asunto político. Y allí está la gran interrogante: ¿cuál será la proyección política de este despertar? Por ahora no se ven actores capaces, pero la pregunta está planteada para todos. De ello dependerá si nace un nuevo ciclo. Por ahora seguimos,”concientes, implicados e indignados”, empujando para que ello suceda.

(Publicado originalmente en Observatorio de Género y Equidad, 18 de julio 2011)


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