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Parque Cultural de Valparaíso: la ex ex.
22-06-2011

Natacha Gomez, directora de La Radioneta, hace un repaso sobre el proceso ciudadano en torno a este símbolo histórico-cultural porteño.

Faltan unos pocos meses para que el proyecto Parque Cultural Valparaíso, en los terrenos de la ex cárcel  porteña, sea inaugurado y abierto a la comunidad. Las dos hectáreas que ocupará el recinto fueron por años la superficie más disputada de Valparaíso: una amplia superficie a pocas cuadras del centro cívico, en una ciudad donde una porción de terreno plano es un bien invaluable.

El penal porteño funcionó en ese espacio hasta 1999; al poco tiempo del traslado de los internos a las dependencias de la nueva cárcel, comienza a gestarse un movimiento ciudadano espontáneo, asociativo e inédito que buscó darle al recinto un destino definitivo e intransable: convertirse en un espacio cultural.

Los 150 años ininterrumpidos de funcionamiento de la cárcel y su historia de dolor, se fueron transformando en tiempos de actividades culturales abiertas, exposiciones, montajes teatrales, etc. en un vínculo colaborativo entre la ciudadanía activa y la Seremi de Bienes Nacionales, por esos años a cargo del recinto. Ese inédito modelo de gestión y la firme convicción de los colectivos que participaban de la ocupación y resignificación del espacio, fueron vitales para defenderlo tanto del apetito de las inmobiliarias -que veían en sus terrenos una excelente oportunidad de construcción con vista al mar- como del paulatino abandono del Estado.

Con el tiempo, los sucesivos cambios de administración del espacio, la rotación de autoridades locales, el desinterés, la falta de voluntad en destinar recursos y sostener con firmeza la gestión del recinto, pusieron en abierta crisis la continuidad del incipiente proyecto.

A mediados de 2005, se allegan e instalan en la ex cárcel una serie de colectivos y prácticas que bajo el aparente sello de culturales, trastocaron las confianzas, la convivencia interna y la lectura pública que la propia ciudadanía se había formado respecto a la experiencia. Además de complejizar profundamente el proceso y desarrollo del proyecto, se pone en crisis la viabilidad de la ex cárcel como un espacio público, abierto y de destino cultural.

El conflicto se agudiza a fines de 2007 cuando producto de un incendio intencionado y que hasta hoy no tiene responsables, se pierde todo el material archivístico y documental que se guardaba en la precaria Sala Museo del recinto, el que incluía también diversos objetos extraídos del antiguo Almacén de Pólvora, ubicado dentro del mismo terreno, y cuya construcción data de 1805.

Desde ese entonces, definitivamente mucha agua ha pasado por sobre y bajo las añosas estructuras de la antigua cárcel pública de Valparaíso: promesas variadas de los políticos de turno, negociados, proyectos fallidos, costosos estudios de factibilidad que no hicieron nada factible, y varios ceros aportados por el bolsillo de Fisco durante los casi 12 años que transcurrieron entre el fin de los barrotes y la próxima apertura del moderno edificio del Parque Cultural.

El proceso para que la cárcel se convirtiese en la ex cárcel, y ésta en la ex ex, deja una señal clara tanto del valor de la organización ciudadana, como de la potencia en la asociación Estado-ciudadanía.

También de la voluntad irreductible del colectivo humano que originalmente llegó al lugar en el año 2000 y que nunca abandonó la idea de que el duro recinto por donde antaño circulaban los choros, fuera con el paso de los años un lugar abierto, público, de manifestación, de encuentro, lo que hoy se espera sea el naciente Parque Cultural Valparaíso.

Lo que queda, es sin duda, el relato aún por evaluar y escribir de una historia de encuentros y desencuentros que para algunos culmina cuando se abran las puertas del nuevo Parque, y para otros recién comienza. Un proceso que de cualquier forma que ha sido la metáfora misma de Valparaíso: un camino cuesta arriba.


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